El régimen de Nicolás Maduro sigue negando que en Venezuela hay hambre y una crisis humanitaria sin precedentes; sin embargo con el pasar de los días salen a la luz nuevos videos que desmienten a la dictadura y evidencian que en el país suramericano la situación es cada día peor.

En la nación con la mayor inflación del mundo, los salarios más bajos de la región, y la escasez de alimentos y medicamentos que supera el 90 %, existe una crisis comparable con la de un país en guerra: la gente come de la basura, aumentan los saqueos, y los camiones que trasladan alimentos se han convertido en blanco de la delincuencia y de las comunidades más desesperadas.

La noche de este miércoles 10 de enero circuló a través de las redes sociales un video que revela la realidad, pues cientos de venezolanos saquearon un camión que transportaba harina de maíz, el vehículo se volcó y las personas empezaron a recoger los restos de harina que quedaron en el asfalto.






Si en Venezuela no existiera una crisis humanitaria, los venezolanos no se verían en la necesidad de saquear camiones y menos, de recoger la comida del asfalto o de la basura; la verdad es que en el país hay hambre y cada día para el régimen es más difícil ocultarlo.

Hasta los cuarteles militares empiezan a rebelarse; este mismo miércoles se dio a conocer otro audiovisual donde un grupo de funcionarios de la Fuerza Armada Nacional exigen “apoyo”: “Mi general estamos pasando hambre, el sueldo de nosotros se nos va en una ida y venida a nuestras casas”; dice un soldado de la Guardia Nacional.


Pero esto no es todo; Venezuela enfrenta una ola de saqueos que amenaza con dejar los anaqueles del país completamente vacíos. Por un lado, el régimen obliga a las cadenas de supermercados a bajar sus precios, y por el otro, grandes estampidas optan por apropiarse de los pocos alimentos que hay.


Ya no solo son las clases más bajas y desposeídas las que protestan e inician saqueos ante la crisis en Venezuela; ahora lo que queda de la clase media también evidencia desesperación tras una rebaja impuesta de precios por parte del Estado; una medida que por cierto implica, para los comerciantes, una importante pérdida de bienes, mientras luchan por sobrevivir en una economía llena de controles.

El Programa Venezolano de Educación-Acción en Derechos Humanos (Provea) informó que la desesperación es tal, que algunos venezolanos compran para consumo humano, alimentos de animales.

Según reseña una nota de prensa, miembros del equipo de Provea en un recorrido por diferentes supermercados de la ciudad capital constataron que muchas personas llevaban las llamadas “salchichas para perros” cuyo contenido esta compuesto por huesos de pollo triturados, mezclados con otras partes no comestibles del pollo, que es envasado como un embutido y vendido de manera congelada.

La organización aseguró que el hecho de que “venezolanos estén consumiendo alimentos para animales es una dramática consecuencia de la violación del derecho a la alimentación por parte del Estado”; y remarcó que “las fiscalizaciones a los supermercados son medidas arbitrarias e insuficientes” para garantizar el acceso de la población a productos de la dieta básica, de manera segura y a precios accesibles.

Desde que Nicolás Maduro llegó al poder no ha sabido resolver la grave crisis económica enmarcada en la escasez de alimentos, medicamentos y una inflación descontrolada que superó el 3.000 %; su única y errada medida ha sido profundizar los controles y obligar a los comerciantes a bajar sus precios y producir a pérdidas.

Y es que el hambre en Venezuela también se refleja de otro modo; ahora en el país suramericano, uno de los más inseguros del mundo, los actos delictivos se basan en convertir los alimentos en valiosos bienes.

Están quienes deciden despojar de sus pertenencias a quienes caminan por las calles con bolsas de comida y quienes deciden cometer fechorías a cambio de ser alimentados.

Roberto Briceño León, director del Observatorio Venezolano de la Violencia (OVV), reportó que las pandillas están aprovechándose de la crisis para conseguir nuevos integrantes.

“Las técnicas de reclutamiento, los señuelos que en el pasado solían ser objetos de moda o lujo, se han substituido por la oferta de alimentos básicos”, declara el informe del OVV.

Y es que el nuevo ingreso integral diario, equivalente a 26.583 bolívares (USD $0,26), cubre apenas la compra de un café o una empanada (20.000 bolívares USD $0,2). El poder adquisitivo es tan paupérrimo que con el salario mínimo solo se puede adquirir 6 % de la canasta básica familiar, cuyo costo en noviembre de 2017 superó los 13 millones de bolívares (USD $130).

La realidad es que en Venezuela una familia, para poder comer completo, debe ganar cada día el equivalente a un salario mínimo mensual; y eso, en Venezuela es imposible. En diciembre el gasto en comida llegó a ser de USD $150 en un país donde el ingreso mensual es de USD $0,2.

Por todas estas razones es que la descomposición social en Venezuela avanza sin frenos, pues los más pobres, los más necesitados y desposeídos buscan las peores alternativas para saciar sus necesidades; y ante esto, el régimen de Nicolás Maduro no toma acciones.

Escrito por Sabrina Martín