Los Corotazos se volvieron una tradición para los habitantes de los Altos Mirandinos, quienes aprovechan para comprar artículos usados o vender objetos que ya no necesiten




Los mercados de segunda mano, también llamados ventas de garaje, son comunes en todo el mundo, pero en Venezuela, en los últimos años han surgido como una herramienta para obtener ingresos con objetos en desuso que se tienen acumulados en casa.

Los Corotazos son ventas de garaje con modalidad de bazar que sirven como alternativa para compradores y vendedores que buscan hacerle frente a la crisis económica. Ropa, zapatos, herramientas y artículos del hogar son algunas de las cosas que se venden en estos mercados de segunda mano, lo que ha motivado a muchas personas a vender en estos sitios para aportar algo de dinero al hogar.

Angélica es una educadora que decidió vender todo lo que tenía de su hija de cuatro años. “Comencé por Mercado Libre a publicar algunos objetos, pero un día una vecina me comentó de estos Corotazos y decidí unirme a uno”, dijo la joven madre.

Se armó con sus implementos a vender y decidió contactar a la cuenta de Instagram @corotazo. “Me enviaron la información y enseguida mandé mi propuesta. Así llegue a la edición 36 de esta actividad, que se desarrolla en unos galpones ubicados en la urbanización La Rosaleda de San Antonio de los Altos“, comentó.

Angélica sacó ropa de su hija, zapatos en buen estado, otros más desgastados y los exhibió en el Corotazo realizado hace una semana, como ya es tradición para los altomirandinos y algunos caraqueños, que disponen de autobuses alquilados por los coroteros (vendedores) para trasladarse a las instalaciones.

Mónica Alfonso es la organizadora de este mercado que acumula entre 65 y 70 coroteros durante cada edición. “Muchas de estas mujeres no pueden ser consideradas de clase baja, ni ociosas, simplemente mujeres en búsqueda de herramientas para salir adelante en esta grave crisis, porque las posesiones de las que se desprenden son, en su mayoría, el conglomerado de adquisiciones producto del esfuerzo de su trabajo u obsequios que, junto a lo que acostumbramos acumular a través del tiempo, representa en estos momentos una tabla de salvación económica”, apuntó.

“Yo suelo comprar en el que organizan en los galpones de La Rosaleda”, admite Rosaura Mijares, habitante del municipio Los Salias, que encuentra en estos eventos no sólo vestimenta, sino electrodomésticos usados y hasta juguetes para sus niños.

Alfonso aseveró que no existe una regla fija sobre lo que se debe vender, siempre que respete ser mercancía usada, esté en perfecto estado y “que la ropa y otros objetos no se mezclan con la comida”.

Para este año se tiene previsto realizar otras ediciones, luego de las vacaciones escolares, además de versiones especiales, para quien necesite vender, pero no tenga el tiempo o la oportunidad de trasladarse hasta el mercado fijo.